martes, 16 de junio de 2009

Dos artículos interesantes sobre el trasfondo del fútbol profesional aragonés en la actualidad


Parece que los medios de comunicación aragoneses (los de Huesca todavía no...) están empezando a hablar claro sobre el hediondo negocio del fútbol "de élite" en Aragón y la confusión de intereses políticos, empresariales y de todo tipo que se amparan en él para que algunos se lucren sin escrúpulos y bajo el paraguas de la financiación pública descontrolada.
Aquí podéis leer dos artículos interesantes relacionados con la cuestión.
El primero es de Alfonso Hernández y lo publicó ayer El Periódico de Aragón con el título "PILOTAJE SUICIDA".
El segundo es de José Miguel Tafalla y lo publica hoy Heraldo.es con el titular "INTERESES CONFUNDIDOS". ¿Confusión de intereses? Me recuerda a lo que pienso cuando voy a correr al Cerro de San Jorge y paso cerca del campo de la Fundación Alcoraz.

Consumida la fiesta del equipo y de su afición, liquidado el presuntuoso combustible del autobús y agotadas las sonrisas y las lágrimas como expresión justa y necesaria por el ascenso, el Real Zaragoza regresa a la realidad de su nueva situación. Retorna a la nobleza después de una merecida y dura penitencia por Segunda División que se ganó a pulso, un paréntesis infernal del que ha escapado con las llamas económicas chamuscándole los talones. Fatigado pero feliz, seguirá en las buenas manos técnicas de Marcelino García Toral, pero también en las del peculiar y más arriesgado Agapito Iglesias, un empresario soriano que cumplirá su cuarta temporada al mando de la deteriorada nave.
Un día apareció por sorpresa y se hizo con el grueso de las acciones de Alfonso Soláns, contrató a Víctor Fernández como abanderado de un hipotético macroproyecto de futuro con una mejora sustancia en la Liga como objetivo prioritario y se paseó orgulloso por Soria con Pablo Aimar recién fichado, antes incluso de que el argentino fuera presentado oficialmente. Se gustó a si mísmo y, de la noche a la mañana, le pusieron a Eduardo Bandrés a su lado con el cargo de presidente ejecutivo. La extraña pareja, de similar ideario político, no sintonizó al colisionar el sentimiento de propiedad de uno con la función de inspector económico del otro. La frialdad gobierna sus relaciones, y la leyenda urbana da por hecho que ninguno, sobre todo Bandrés, mantiene un auténtico control administrativo sobre el club que representan.
DESACOSTUMBRADO En este periodo el pilotaje de Iglesias se puede calificar, sin margen para el accidente reflexivo, de suicida. Desacostumbrado a manejarse en un mundo laberíntico y con el móvil sobrecargado de mensajes desde la DGA, donde le aprecian como hombre de negocios y le aconsejan amablemente, Agapito logró clasificar al equipo para la Copa de la UEFA en su aventura debutante, pero el curso pasado se le fue todo de las manos después de insinuar la posibilidad de luchar por la Liga. Entre la ingenuidad y el mensaje populista, rehúye de los medios de comunicación o, como en algún caso, intenta vetarlos con nulo éxito informativo. Después del descenso habló de sus multimillonarios recursos y Bandrés, eco de la política que mece esta cuna, confirmó el poderío del empresario. Les pudo la soberbia y sólo la gestión profesional de un Marcelino abandonado a su suerte pero conocedor del terreno, ha evitado que el Real Zaragoza permanezca en Segunda, lo que hubiera supuesto si no la ruina sí una catástrofe de incalculables perjuicios.
PATRONO Agapito está desautorizado por falta de conocimientos futbolísticos y por su inoportuno arrojo para continuar al frente del club, pero figura como patrono absoluto en el registro mercantil, lo que le otorga ese derecho mientras no se demuestre lo contrario. Bandrés tampoco dispone de un mayor aval de experiencia en este mundo, y su poder es meramente figurativo, posición por la que tiene una agradecida nómina de 360.000 euros anuales. Si algo les corresponde es la vergonzante operación Matuzalem, por la que la institución deberá pagar 13 millones de euros al Shakhtar ucraniano.
Con más de cien millones brutos de deuda, Agapito dice que no vende, que permanece en primera línea, que confía en los de siempre, y muchos de los de siempre, entre ellos el secretario técnico Pedro Herrera, pertenecen al cartel de personajes que han conducido al Real Zaragoza a dos sonoros fracasos en seis años. Es un discurso erosionado porque su prestigio ha quedado muy expuesto con reacciones como las de consentir los caprichos de D´Alessandro o de Oliveira. Su credibilidad está por los suelos, pero mientras ponga el dinero, que es lo que dicen que hace...
El propietario tiene ante sí un nuevo reto, pero esta vez es todo distinto. Si delega la conducción al cien por cien en Marcelino y su grupo de trabajo y elimina a elementos que causan una evidente distorsión al margen de su actual estatus, casos de Pedro Herrera y Jesús Villanueva, quizá consiga no provocar más accidentes en una temporada que se antoja de miramientos económicos.
Desde la DGA, donde cae simpático y le aconsejan con poco tino aunque con empatía, deberían enviarle algún sms para que, además de mantener su habitual discreción oratoria, evite coger el volante lo menos posible. Y a Bandrés habría que bajarle del caro cochecito del tiovivo.
Alfonso Hernández.
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=505708

Nunca a Agapito Iglesias le ha fallado hasta aquí el presupuesto. Es posible que tampoco la intención. Pero algo le tiró por tierra una y otra arma, hasta el punto de que las intenciones ya no pueden ser en adelante las de sus primeros ejercicios y el presupuesto tampoco podrá estar tan jugosamente dotado. El hombre que desató la ilusión pronto se topó con la frustración. Entre las distintas razones posibles que provocaron el cortocircuito de las importantes energías que se pusieron en marcha se apunta una principal: ni intenciones ni presupuesto estuvieron, a fin de cuentas, adecuadamente gestionados.
Es posible que en el más alto lugar de responsabilidad del club pronto se perdiera la perspectiva global, a causa de una profunda y voluntaria inmersión en el detalle, en lo concreto, en el desarrollo de negociaciones y operaciones de traspaso o compra, que tanto atan y comprometen. Pedro Herrera, secretario técnico del club, introdujo a Agapito Iglesias en el mercadeo del fútbol, en el calor del dinero caliente que siempre mueven los fichajes de alto coste y jugosas fichas, y el accionista mayoritario sintió la sugestiva atracción de esta parte del fútbol, en la que se mueven sumas ingentes, fuera del comercio habitual de las cosas, comisiones sabrosas, revalorizaciones espectaculares... Sólo en los orígenes de su periodo al frente de la sociedad anónima deportiva llamada Real Zaragoza, Agapito permaneció algo retirado de este espectáculo, siempre llevado a medias luces o en plena oscuridad, entre bambalinas y en despachos discretos, donde a veces cuentan más los silencios que las afirmaciones públicas.
Alrededor del Real Zaragoza pronto apareció un nutrido conjunto de personajes que enseguida entendieron que estaban ante las oportunidades que brinda un nuevo rico, además neófito en este mundo. Todos ellos tenían un denominador común: ser representantes de alguien o de algo, de un jugador o de un derecho, de un futbolista hecho y contrastado o de un bien que se revalorizaría en un futuro próximo. Agapito, hecho a sí mismo, acostumbrado al roce en la negociación, ha acudido a este cuerpo a cuerpo a pecho descubierto. Ha atendido. Ha escuchado. Ha compartido. Ha establecido en ocasiones complicidades en un espacio donde es relativamente sencillo confundir los intereses: los propios del club, como cuerpo institucional, y los intereses de cada una de las operaciones.
Aconsejado por Herrera y distintas voces de este entorno entró, por ejemplo, en el nefasto mecanismo de adquisición de Francelino Matuzalem, caso sobre cuyo final no hace falta insistir: trece millones de euros de gasto, sin que aquí se haya podido disfrutar aún del futbolista brasileño mínimamente. No es este, sin embargo, el único caso de fatal resultado. Creyó en Andrés D'Alessandro como futbolista y como producto de cotización al alza. Entendió que Luccin era el jugador adecuado para fichar en el último momento de un mercado de verano. Se introdujo en la compra al Milán de un delantero estando ya en Segunda División, sin atender que en el mismo momento depreciaba aquello que adquiría.... Ganaron los jugadores. Ganaron los representantes. Perdió el Real Zaragoza.
Agapito Iglesias, tomando por bueno lo que se le presentaba, no depositó en buenas manos el tesoro, en las personas idóneas para velar con diligencia, honradez y acierto por el interés general del club, por la adecuada marcha del Real Zaragoza como institución que trasciende los parámetros de un negocio.

5 comentarios:

  1. Anónimo16.6.09

    Yo no vuelvo a hacerme socio de ningún equipo de estos ni a darles un euro de mi bolsillo ni loco. Ya se lo doy a la fuerza de mis impuestos pero porque no tengo otro remedio. Espero que acaben todos donde merecen.

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  2. sin futuro16.6.09

    Cada vez la diferencia entre el Madrid y el Barcelona con el resto de equipos es más enorme. La liga española de Primera División es una competición sin interés, un mano a mano. Los demás equipos se pelean por las migajas del festín pero al precio de endeudarse hasta la médula. El papel que puede jugar el Zaragoza en Primera es de secundario en apuros. El Huesca en Segunda puede servir para trampolín de los intereses de los dueños de Bahía y tener entretenida a la gente unas temporadas, poco más.

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  3. Anónimo18.6.09

    Hoy publica el Heraldo que la Sociedad Anónima "Real Zaragoza", propiedad del constructor Agapito y que tiene como Presidente a un Ex-Consejero del Gobierno de Aragón COBRA AL GOBIERNO DE ARAGÓN POR LUCIR EN LA CAMISETA DEL EQUIPO EL ESCUDO DE ARAGÓN!!!
    Así está el fútbol aragonés.

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  4. Anónimo19.6.09

    ATENCION ATENCION, ROBERTO NO IRA NI CONVOCADO PARA EL ULTIMO PARTIDO

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  5. Anónimo19.6.09

    Así le agradecen estos años en que ha sido uno de los puntales del equipo y la Afición.

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